este no será mi lecho de muerte
no yaceré enterrada bajo las flores
no se fundirán mis huesos con el polvo
ni se volverá mi sangre en savia.
mis rodillas no será nódulos de un árbol
ni mis ojos pétalos de rosa
no seré jardín ni seré estiércol
no, no seré pasto de cementerio
viviré
lucharé
tragaré fango y morderé piedra
me dejaré las uñas y los dientes en el barro
lloraré lágrimas que desgarren planetas
profiriendo gritos que rompan infiernos
y saldré
y si no me queda piel me haré una nueva
y si no me queda risa
bordaré una carcajada
y me la engancharé
a la boca
hasta que me salga sola.
y viviré
y viviré
en pecado concebida
y viviré.
martes, 20 de junio de 2017
martes, 6 de diciembre de 2016
el cantar de las locas
hay flores dentro de mí
cuyo perfume huele a ti
no son bonitas
de ninguna de las maneras
soy del color de una rana venenosa
pero tus ojos hablan de radiactividad
y por tanto confío
en que no huirás del hervir de mi piel
en mi cabeza hay una sirena muerta
y canta una canción que habla del amor
pero su voz atrae tanto a piratas como a marineros
a la dulce, dulce muerte
la primera vez que me miraste
y no intentaste devolverla a la vida
sino que acariciaste su cola de pez podrida y dijiste,
‘querida, yo lo comprendo’
algo funcionó por una vez
hay tormentas dentro de mí
cuya lluvia huele a ti
esto no es poético
de ninguna de las maneras
a veces lloro durante días hasta que mis ojos se asemejan a lagos
no me lavo el pelo, no puedo parar de arrancarme pieles de la cara
tengo las manos sucias
tengo miedo de que saborees el barro cuando me beses
pero tú te relames los labios
limpias la sangre de mis muñecas
y dices
'nena, bésame otra vez'
esta historia no es para que la entiendan ellos
no es un cuento de hadas apropiado para sus hijos
ni un amor que coronarán su rey
ni siquiera su reina
esta historia huye de sus manos de cazador
sabe cómo hacer compañía de la soledad
dado que nuestros propios hermanos
nos dieron la espalda
este es el himno de las rotas-
una serenata para las nauseabundas
esta es una égloga para las enfermas
una balada para las improductivas
mis manos tiemblan demasiado para los anillos de compromiso
a mi piel sangrante ya no le queda bien el blanco
pero tú me quieres sin un hogar, tú me quieres sin una ceremonia,
tú me quieres ahí fuera en el bosque de mi propia mente
y yo te quiero también
domingo, 4 de septiembre de 2016
me gustan las chicas
me
gustan las chicas
redondas
como naranjas
afiladas
como agujas
me
gustan los bailes de lenguas
me
gustan los valses de manos
me
gustan las faldas cortitas
y los
vaqueros gastados
me
gustan sus pecas
aún más
sus lunares
de
tanto gustarme
hasta
sus verrugas
me
gustan, ¿sabes?
me
gusta besar sus orejas
me
gusta perderme en su pelo
me
gusta navegar sus caderas
me
gusta contar sus dedos
me
gustan las chicas
con
suéteres grandes
me
gustan las chicas
con
bragas pequeñas
me
gustan las chicas
las
horas que pasan
mesando
sus frentes
lamiendo
sus párpados
me
gustan las chicas
sus
vulvas violetas
sus
pollas de trigo
sus
ojos cerrados
sus
labios, tan gruesos
sus
labios, tan finos
domingo, 8 de mayo de 2016
tengo cinco lágrimas y un cárdigan
tengo
cinco lágrimas y un cárdigan
por
cada hora que no te escucho
así que
imagínate
cuánto
hace
que se
me acabaron
los
pañuelos
imagínate
el frío
que hace aquí dentro
lleve
lo que lleve puesto
tengo
una radio estropeada en la garganta
desde
que no me coges el teléfono
y me
vibran las muñecas
de
sintonías desafinadas
desde
que mi mano se quedó
huérfana
de tus dedos
se me
han retorcido las vértebras
desde
que no me las tocas
y ahora
llevo por columna
una
escalera de caracol
que
nadie quiere subir
por miedo
al súbito vértigo
se me
han hundido las flotas
no me
despegan los aviones
de la
explanada del pecho
y van a
tener que construir un aeropuerto
en el
ventrículo izquierdo
de lo
que hicimos hogar
mañana
habrá solo viajeros
jueves, 18 de febrero de 2016
"Lo personal es político"
Nos robasteis los cuerpos e hicisteis de ellos vuestras
compañeras de cama, frías e inertes, a las que arrancasteis gemidos de dolor en
nombre de un placer que nunca fue más que vuestro.
Nos robasteis nuestro espacio vital y os hinchasteis, os
inflasteis, hombres gigantescos, descomunales, invadiendo el último metro
cuadrado que nos quedó. Haciéndonos a un lado para guardarle un sitio a vuestro
ego creciente. Nos volvisteis menguantes como la Luna, os designasteis el astro
rey de este sistema solar y no nos dejasteis ni las estrellas para ver algo en
medio de esta oscuridad de vuestras manos tapando nuestros ojos, nuestras
bocas, nuestras caras enteras en busca de un silencio que no delatara vuestro
delito.
Nos robasteis las palabras y construisteis síes a partir de
incomodidades calladas, extremidades inmóviles y vaginas secas que penetrasteis
con la fuerza de vuestra imperturbabilidad ante nuestras lágrimas invisibles.
Hicisteis del no la palabra tabú, convertisteis el para en el verbo
impronunciable, nos prohibisteis hablar demasiado alto no fuera a ser que
oyerais nuestros gritos.
Nos robasteis los corazones, y ojalá poder decir que los
devorasteis, sangre goteando de vuestras mandíbulas, pedacitos de músculo
palpitante entre los dientes, y que no dejasteis ni un resto en el plato; pero
no, ni ese último favor nos concedisteis, tuvisteis que prenderles fuego
lentamente, fundiendo lo que quedaba de nuestro orgullo, crepitando entre las
llamas nuestra fuerza de voluntad, nuestras venas chispeantes agonizando sin
cesar. Alzasteis nuestros corazones en el aire como antorchas de dolor y desesperación,
nuestros pechos rebosando las cenizas, y los usasteis de ejemplo para las
generaciones venideras, esto es lo que haremos con vosotras si os negáis a ser
algo más que un cero a la izquierda.
Y nos engañasteis, y nosotras caímos como las bobas que nos
habéis condenado a ser, creyendo que votando podíamos decidir algo en un mundo
que ahora nos permitía elegir a nuestro verdugo. Creyendo que la Universidad
nos salvaría, que la ley nos salvaría, creyendo que echar una manta sobre el
fuego lo apagaría en vez de esconderlo de vuestra vista nomás.
Pero entonces llegó Kate proclamando que lo personal era
político y nos dimos cuenta de que no bastaba con tomar los colegios y los
juzgados, de que urgía recuperar nuestras casas, nuestras camas y en última instancia
nuestros estómagos y nuestros corazones. Volvimos a comer hasta saciarnos y nos
limpiamos los restos de maquillaje, y nos fuimos con la cara lavada a luchar
por poder hablar alto de nuevo, a hacer de las trincheras de nuestros cuerpos
hogares provisionales, a decirles a las niñas que no se molestaran en haceros
caso, que ibais a violarlas igual, que callando solo conseguirían que quedarais
impunes. A decirles a las niñas que era lícito responder ante vuestros ataques,
que pelearan con uñas y dientes por conservar sus traseros libres de vuestras
manos sudorosas, sus coños vacíos de vuestras pollas invasoras. A decirles a
las niñas que eran suyas y sólo suyas, que sólo tenía derecho a tocarlas quien
antes de hacerlo preguntara, y si la respuesta era NO aprenderían a decirlo
bien alto.
Y cuando sus bocas no basten, las navajas lo dirán por ellas
y os vais a quedar sin lengua con que transmitir a vuestros hijos vuestro
monstruoso legado.
Y si nadie nos da la paz, pues ganaremos la guerra, porque
aquí ninguna, pero que ninguna, está dispuesta a perder sin luchar.
jueves, 11 de febrero de 2016
la primera vez que salí del armario sin llorar
la primera vez
que salí del armario sin llorar
el cielo se
volvió de colores
y eso que no
atardecía
por ninguna
parte.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
y ella me escuchó
su mirada fue
como encontrar tu casa
en un país
desconocido
con la cama hecha
y una flor en la
ventana.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
resucitaron los
muertos
del cementerio de
mi pecho,
se me cerraron
cien heridas
y me quedó una
cicatriz.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
fue como
reconquistar un territorio
que me habían
robado los colonos
de la tierra
salvaje de mi pecho.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
ella prendió una
llama de orgullo
y la he mantenido
viva desde entonces;
es tan sencillo
como
ocuparme de que
mis propias lágrimas
no la apaguen
jamás.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
fue un susurro;
la segunda una
palabra
en voz alta, bien
clarita,
y diría que la
tercera
lo dije gritando
pero no me hizo
falta
porque ya lo
hacían por nosotras
nuestras manos entrelazadas.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
reescribí la
sinopsis de mi auto-biografía
cambié la
tragedia por sonrisas
convertí a la
víctima en superviviente.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
se me tatuaron
las palabras
en la antesala
del corazón
y no me quedaron
excusas
para negar lo que
soy.
la primera vez
que salí del armario sin llorar
no sabía que era
el preludio
de la primera vez
que saldría
del armario riendo.
la primera vez
que salí del armario riendo
gané la batalla.
cuando ya no haya
armario,
cuando
compartamos todas
una sala común
podré decir
que,
por fin,
hemos ganado
la guerra.
domingo, 31 de enero de 2016
Que se emborronen las palabras que a ti y a mí nos basta con gemir
Quiero aflorar
albuferas entre tus piernas, ahogarme en los ríos que nos aneguen los muslos.
Quiero navegar tu espalda agarrada al mástil de tu cuello y perder mis dedos en
tus recovecos.
Bailarte algún
ritmo sucio contra la encimera del lavabo, desencadenar un terremoto en tus
caderas y soplarte un huracán en el cabello. Aferrarme a tus omóplatos hasta
quedarme sin uñas y entonces, pasar a los dientes. Tender mi lengua en el hueco
de tu clavícula y llegar tan a fondo que le saque brillo hasta a tus huesos.
Escribirte una
herejía entre los pechos y pedir misericordia entre tus brazos. Tatuarte la
geografía de mi boca en la esquina de la ingle y dejarme caer por tu
pantorrilla izquierda. Aterrizar en el comienzo de un tobillo y escalarte toda
entera desde allí.
Follarme la curva
de tu cintura hasta derrapar en la explanada de tu tripa. Enroscarme en el
huequito de tu ombligo y descoserte la línea del vello a dentelladas en seco.
Tensarte hasta
arquearte y empuñarte mientras toco cada cuerda que hay en ti. Dislocarme las
falanges y quebrarme las rodillas en la patria de tu piel. Darle cuerda a mi
muñeca contra el carrusel de tu figura, marearme dando vueltas a la
circunferencia de tus caderas.
Descolgarme de tu
nuca y practicar acrobacia en tu trapecio. Deslizar mi pierna entre tus muslos
y evitar la colisión de las rodillas, provocar temblores en tus pantorrillas. Lamer
cada uno de tus milímetros hasta quedarme con la boca seca e ir a refrescarme
al humedal que nos rodea.
Quiero que no nos
haga falta hablar para entendernos, que tus jadeos combinen con mis jadeos. Inventar
un alfabeto nuevo en Braille para mi clítoris y tus dedos, robarte la voz y que
vengas a buscarla. Que te quedes con la mía, ya de paso, que puedo estar sin
ella por un rato si tú escuchas lo que te dicen mis manos.
Desayunarme el
lóbulo de tu oreja para luego merendarte entera.
Ser más bruta que
los niños en el parque, llenarte la garganta de rasguños.
Componerte cien
sonetos y empaparlos salivando cada vez que pienso en ti.
Que se emborronen
las palabras que a ti y a mí nos basta con gemir.
sábado, 5 de diciembre de 2015
A la niña de 15 años que he sido
A la niña de 15 años que he sido:
-Van a morir tus
dos abuelas el mismo mes y vas a llorar mucho, corazón. No te tapes la cara
cuando lo hagas; no busques la almohada para sofocar los sollozos. No te
arrepientas de tu duelo; no pintes sonrisas de azúcar en la acuarela de tu
rostro. Deja que las lágrimas corran la pintura. No estás aquí para ser una
obra de arte. Nadie te descolgará de la pared del museo si, por una vez, les
dejas ver que no es tan bonito lo que te sucede por dentro. Quien te quiera te
querrá cuando tu boca sea un óleo de alegría y cuando tus ojos sean tinteros de
negra pena.
-Deja de
avergonzarte de todo lo que eres. Ninguna de tus amigas te abandonará cuando le
descubras que tus ojos van detrás de las chicas como ellas. Tu madre seguirá
queriéndote. Y aunque no fuera así. Deja de depender de la aprobación ajena; la
libertad no se regala, mi niña, la libertad se conquista. Las chicas con el
iris de siete colores no nacieron para caminar siempre con los ojos cerrados.
-Nunca has sido
tímida. Deja de decir que eres tímida. No se le llama timidez a la barrera de
cartón que les has puesto a tus palabras; al algodón que te llena la boca. La rueda
del volumen de tu voz siempre gira hacia el mínimo y es el miedo el que la empuja,
no la timidez, mi amor. Nadie se enamorará nunca de tu risa mientras solo tú la
oigas. Aprende a hacerte oír y no malgastes saliva con aquellas que solo quieren
escucharte si les hablas susurrando.
-Pide ayuda,
cielo. Da igual a quién. Te hierve la sangre en las venas y acabarás abriéndote
en canal si nadie corre a apagar pronto el fuego. Tú tienes las manos atadas
por la depresión, sola no puedes hacerlo. Pide ayuda a tus padres, a tu tía, a
tus amigas, a la psicóloga del instituto, a quien sea. Pide ayuda a alguien que
esté cerca; el amor viaja a través de la distancia, pero no así las manos que
han de cerrarte el cajón de los cuchillos.
-Tu cuerpo no es
un campo de batalla. La única guerra aquí es la que vas a tener que librar toda
tu vida contra un canon asesino, y tu cuerpo siempre será tu bandera blanca, tu
alto al fuego. Perdónalo por crecer en todas las direcciones, perdónalo por
crecer demasiado y por no crecer lo suficiente; él te ha perdonado a ti todas
las malas palabras que han sableado tu pecho y acribillado tus muslos. Nadie va
a venir a convertirte en su musa. Nadie va a venir a convencerte de que hagas
las paces con tus plenitudes y tus vacíos. Lo siento. Tendrás que hacerlo tú
misma. Será como volver a casa. Y qué casa, mi amor. Qué casa.
-No sé si la
tristeza durará para siempre. Sí sé que todavía dura. Pero también lo hace la
felicidad. Lucha porque la segunda pese siempre más que la primera, princesa.
martes, 24 de noviembre de 2015
Mamá, mamá
inspirada por https://sputnikdesastre.wordpress.com/2015/11/21/mama-0347-am/. gracias, Lía.
Mamá, por favor, arréglalo. Toma este juguete roto, este
reloj a destiempo que he hecho de mi cabeza y dale cuerda hasta que vuelva a
funcionar. Mamá, por favor, lava la sangre, las lágrimas y las babas, haz que
las sábanas vuelvan a ser blancas como hostias de la Sagrada Comunión, azules
como el cielo los vestidos de primavera. Saca las mantas polvorientas del
armario de mi pecho y cámbiamelas por braguitas nuevas y bañadores a topos.
Mamá, por favor, bésame la frente para que me duerma. Sé que
un beso tuyo hará la magia y disolverá las pesadillas que me acosan mientras
camino despierta. Mamá, por favor, toma mis manos entre las tuyas, que son
todavía de mayor tamaño, gracias a Dios, porque yo ya soy más alta que tú y no
me gusta, no me gusta nada, yo quiero ser una niña sentada sobre tus rodillas.
Nadie me dijo que cuando eres más alta que tu madre no se supone que le cuentes
por qué lloras cada mañana al despertar.
Mamá, me da igual todo lo que hayas hecho mal. Abrazarme
siempre se te ha dado igual de bien. Construye una cabaña con tus brazos que me
sirva de refugio en estos bosques míos de soledad. Ahuyenta al lobo que vive
dentro de mí y se alimenta de mis hígados y de la esperanza que me calienta la
mirada.
Si te fijas, hoy mis ojos los cubre la escarcha.
Mamá, cuéntame un cuento de final feliz. Menos mal que nunca
me creí los de princesas y si algo tengo claro es que ningún príncipe va a
venir a salvarme de esta torre de miedos apilados y argamasa de pena. Menos mal
que ni siquiera me gustan los príncipes y gracias, mamá, por entenderlo a la
primera.
Ojalá aceptaras igual de rápido que no me funciona bien la
cabeza.
Mamá, dame medicinas que funcionen a la primera, que hagan
desaparecer la melancolía que late en la cara interna de mis muñecas. El terror
que me araña la garganta. Mamá, llévame a un médico de los de verdad, de los
que pronuncian palabras que todo el mundo entiende y que no da vergüenza decir
en alto. Mamá, juega conmigo a los médicos, a ver si por un casual encontramos
la cura para estas heridas que no saben cómo cicatrizar.
Quizás la única cura sería que nadie me las hubiera abierto
nunca, mamá, pero tú dices que pensar tanto en el pasado es malo y aunque no te
lo creas yo te intento hacer caso.
Mamá, por favor, cántame el cura sana. Mamá, mamá, ven
rápido. Hay un monstruo en la habitación y guarda un sospechoso parecido con mi
reflejo. Mamá, mamá, corre, cierra las ventanas, vigila la terraza, vacía los
cajones de los cuchillos y no me dejes salir corriendo al metro. Mamá, mamá, lo
siento.
Ya sé que tú no querías esto.
Yo tampoco, mamá. Yo tampoco.
Pero por favor, no digas nada más. Sólo sécame las lágrimas
como tú sabes hacer tan bien, y bésame.
domingo, 22 de noviembre de 2015
quiero la paz
Quiero cerezos floreciendo en las palmas de mis manos,
quiero paz y quiero banderas blancas. Quiero no tener nada sobre lo que
escribir. Quiero que me saques las espinas con la boca, que me lamas las
heridas. Quiero saber a quién dirijo esta misiva.
Quiero saber qué Dios me queda por rogarle, quiero plegarias
que se escuchen allá arriba. Quiero estrellas derramándose por mis mejillas,
quiero el mar abrazándome por la cintura. Un mar diferente de este océano de
azufres y alquitrán, de este fuego que me quema la mirada sin cesar.
Quiero tantas cosas y ninguna las tendré jamás. Quiero una
cura, quiero una tregua, quiero un alto al fuego que nadie me va a dar. Quiero
tragar la lluvia hasta estar limpia, olvidar el pecado original, quiero ser
María con palomas posándose en mis brazos. Quiero semillas germinando en mi
paladar, flores de colores alhajándome los dientes.
Quiero saber qué he hecho para merecerme esto, quiero oír de
nuevo el canto de las ballenas, quiero saber ser niña sin ser víctima del mal.
Quiero saber ser vulnerable sin sentir sus colmillos entre mis costillas.
Quiero pendientes de oro rosa, inocencia en la mirada, besos de sandía y
pedazos de luna iluminando abadías. Quiero veranos eternos que no le duelan a
mi alma, quiero echar los miedos a escobazos y dormir entre los brazos de las
hadas de los cuentos. No quiero más brujas acunándome en la noche, no quiero
maleficios ni veneno en la garganta. No quiero vomitar dolores y palabras.
Quiero el perdón de Adán. Quiero lavarme el barro de las manos,
quiero vivir sin que me queden heridas por coserme. Quiero librarme de puntos y
cicatrices. Quiero que me quieran sin precios ni banderas.
Quiero quitarme la ropa y que mi cuerpo sea paraíso
prometido. Ya no puedo más con este infierno, mis hombros ya no saben cómo
aguantar su peso. Me arden las mejillas del calor de quince fuegos, crepitan
hoy las llamas en mi boca y yo voy pidiéndote agua. Quién eres. Qué me darás. Qué
quieres a cambio de la paz eterna. A quién le escribo. A quién tengo que
escribirle. Quién tiene el poder de acabar con esto; dímelo, decídmelo, le
cantaré canciones olvidadas, le contaré las historias prohibidas, cometeré con
ella todos los pecados por escuchar el secreto de las chicas que saben respirar
sin atragantarse con el oxígeno.
He hecho de mis muñecas campos de minas, de mi caja torácica
una cámara de tortura. Al aire ya no le quedan piernas para salir y me ahogo
con mi propio aliento. Quiero que pares esta guerra. Quiero que firmes la paz
entre mis piernas.
Quiero, quiero, quiero; dame, dame, dame; yo no puedo más. Hay
días que ya no me basta con luchar.
viernes, 20 de noviembre de 2015
Ella se desnuda...
Ella se desnuda en la habitación de su cuerpo, y la ropa cae
como cae la lluvia en una tierra de sequía. Ella se desnuda y va pidiendo
perdón a cada pedazo de piel, besándose los nudillos y acariciando sus muñecas,
escribiendo con los dedos cartas de amor al montículo de su tripa.
Ella se desnuda y sus labios dejan rastros de saliva en los
dos hombros que le sostienen el cuello, y los huecos de sus clavículas recogen
las lágrimas que brotan de su mirada gris.
Ella se desnuda y prueba a caminar
con este nuevo equilibrio que recién estrena, sin más sostén que sus caderas, y
se sorprende al comprobar que no le fallan las piernas.
Ella se desnuda y la saludan inquietos sus pezones,
liberados los pechos de la presión del sujetador, y la saludan los dedos de sus
pies que parecen mirarla desde abajo. Ella se desnuda y en su vulva encuentra
recovecos donde encajan a la perfección sus manos, y la ropa al deslizarse por
su cuerpo va rozándole la cintura.
Ella se desnuda como quien despliega una carta que lleva
mucho tiempo esperando, pero que no se atreve a leer porque teme lo que pueda
contarle. Ella se desnuda como quien abre el regalo de un desconocido,
preguntándose qué de sí misma podría encontrar en un cuerpo que hace mucho que
dejó de ser suyo.
Ella se desnuda y los azulejos del baño reflejan un cuerpo
que solo sabe que ser barco en plena tormenta, un velero inexperto en mares
plácidos como este. Ella se desnuda y bucea entre ráfagas de aire que entran
por la ventana, se deshace de las mantas y corre a abrazarse para encontrar el
calor entre dos brazos que hace mucho que la echaban de menos.
Ella se desnuda y hace las paces con el pálpito de su pecho,
firma la tregua con el doblez de sus codos. Ella se desnuda y hace de su
espalda una colosal bandera blanca, se desnuda y cada uno de sus dientes es
testigo de su arrepentimiento. Este cuerpo la perdona como solo una madre sabe
perdonar a su hijo por lanzarse irresponsable en medio de la carretera, a
bofetadas primero, a besos después. Como quien ve volver a alguien a quien ha
temido perder para siempre y ya no sabe cómo soltarlo.
Este cuerpo ya no sabe cómo soltarla. Este cuerpo ya nunca
más la dejará ir.
Ella se desnuda y, pasito a pasito, vuelve a un hogar que no
era consciente de tener.
martes, 17 de noviembre de 2015
Consejos para las chicas de los ojos inyectados en sangre y el olor a tristeza
1. Deja de preguntar por él. A los chicos decentes
no les gustan las locas con algún tornillo suelto. No te conformes con aquellos
que le prendan fuego a tu cama y luego te dejen sola para recoger las cenizas.
Guárdate algo de dignidad. No le dejes saber que lo echas tanto de menos que
has prometido tu voz a quien te lo traiga de vuelta, pero la has gastado toda
lamentándote de pena.
2. No sigas llorando por ella. Sécate las lágrimas y empieza a gritar en vez de llorar; grita contra sus manos que te rompieron y contra esa boca que te dijo que qué mosaico tan bonito podían formar tus pedazos. Deshazte del rastro de sus besos; frótate la piel hasta que la esponja se vuelva roja de carmín. Cámbiate de bragas; hace mucho que no hueles a ella. A ella le gustaba que olieras mal porque le recordabas lo limpia que estaba por dentro en comparación, pero encontrarás a alguien que te quiera como nueva.
3. Escribe más cuentos y menos esquelas. Cambia los salmos a dioses muertos por odas a la primavera. Haz que la primavera dé comienzo dentro de ti; engulle la nieve, engúllela sucia y fría y quizás florezcan margaritas en las cavidades de tus muelas. No te hace falta subir al cielo, pero por favor, haz algo por salir del infierno. El fuego no es un buen amante; te ciega la mirada y te quema los dedos.
2. No sigas llorando por ella. Sécate las lágrimas y empieza a gritar en vez de llorar; grita contra sus manos que te rompieron y contra esa boca que te dijo que qué mosaico tan bonito podían formar tus pedazos. Deshazte del rastro de sus besos; frótate la piel hasta que la esponja se vuelva roja de carmín. Cámbiate de bragas; hace mucho que no hueles a ella. A ella le gustaba que olieras mal porque le recordabas lo limpia que estaba por dentro en comparación, pero encontrarás a alguien que te quiera como nueva.
3. Escribe más cuentos y menos esquelas. Cambia los salmos a dioses muertos por odas a la primavera. Haz que la primavera dé comienzo dentro de ti; engulle la nieve, engúllela sucia y fría y quizás florezcan margaritas en las cavidades de tus muelas. No te hace falta subir al cielo, pero por favor, haz algo por salir del infierno. El fuego no es un buen amante; te ciega la mirada y te quema los dedos.
4. Lava las sábanas de vez en cuando. Abre las cortinas. Borda días soleados en el cristal de tus ventanas con las manos desnudas, aunque duela. Cómo vas a revivir mientras tu casa siga siendo un cementerio de lástimas muertas. Cómo vas a renacer si has convertido tu cama en una tumba cubierta de sábanas. Redecora tu habitación; riega las plantas. Si no consigues nada, al menos tu prisión se parecerá algo más a un hogar.
5. Devora una manzana, canta con la boca llena y recuerda que Eva no solo nos trajo los corazones rotos, también el amor que los precede. Da gracias por sufrir porque es mejor que no sentir nada. Maldice la apatía que te inmoviliza y zambúllete en el dolor hasta que el cuerpo se te acostumbre al ardor. Las quemaduras también cicatrizan, mi amor.
6. Pídele perdón a tu cuerpo. Arrepiéntete de haber envenenado tus entrañas y acuchillado los suaves valles de tus muñecas. Besa cada muesca de tus muslos y ofrenda calorías a la diosa de tu garganta. No vuelvas a quitarle lo que es suyo o la furia de su bilis subirá hasta inundarte las retinas. No tengas miedo; al fin y al cabo, es una diosa benevolente. Todavía no te ha abandonado a los rifirrafes de las cuchillas y los laxantes. Todavía sigue luchando por ti, saliendo a flote entre inundaciones de vodka, construyendo un bunker donde refugiarse de los bombardeos de aspirinas.
domingo, 15 de noviembre de 2015
mi loca
Para Eva, Elena, Mari Carmen, Laura, Gabriela, Jara y todas las demás.
Mi loca, déjame acunarte las penas, déjame juntar mis
cicatrices con las tuyas. Con un poco de suerte podremos coser dos heridas con un
mismo hilo. Estar juntas para siempre.
Mi loca, no los escuches. Prefiero tenerte oyendo voces que
atendiendo a sus improperios. Si no te quieren así, no te querrán nunca, mi
loca. Yo te quiero trazando retratos de tus penas en tus muslos. Yo te quiero
goteando sangre de la que todo lo mancha. Yo te quiero desastre, mi loca, te
quiero borracha a las tres de la tarde y al teléfono a las cuatro de la
madrugada, llamándome desesperada para no matarte.
Mi loca, yo te quiero entre respiraciones descontroladas,
muerta de miedo en la calle de noche. Yo te quiero despertándome porque le
temes a los hombres inofensivos, y a los que no lo son tanto. Yo te quiero sin
saber distinguirlos.
Mi loca, yo te quiero durmiéndote por las esquinas, yo te
quiero arrancándote la ropa a tiras porque necesitas que algún cualquiera te
jure que te adora también desnuda. Mi loca, yo te doy las pastillas de una en
una, mi niñita enferma y desvencijada. Mi tarada.
Mi loca, déjame que te bese esas heridas reabiertas por los
mismos traumas que tantos años llevan contigo. Mi loca, déjame ahogar los
gritos de tu padre, el llanto de tu madre. O viceversa. O los dos al mismo
tiempo. Mi loca, sé que le llamas insomnio a las pesadillas que te mantienen
despierta, pero yo te cantaré hasta que te duermas.
Mi loca, deja que vacíe las salas de gente, tu casa de
soledad. Mi loca, si te cuido tanto es porque te digo lo que yo misma necesito
escuchar. No concibo un mundo en el que tú estés cuerda sin mí, un mundo en el
que yo me cure sin ti. No concibo otro mundo que este en que estallamos a reír
después de llorar, las dos, porque de tan locas a veces somos hasta absurdas,
mi tarada.
“Todos estamos un poco locos”, dicen los cabrones, y no
tienen ni idea de nada. Ponen un pie en el infierno y ya creen saber lo que es
vivir dentro. Bacanales de locura, le dicen a lo nuestro, les fascina, sí, que
nuestros demonios vengan a nosotras y no sepamos cómo cerrar las piernas. Se
creen que alguna vez consentimos a esto.
No lo hicimos, mi loca, pero estamos juntas y no lo
cambiaría por nada. Por nada, ¿me oyes? Un poco mejor cada día, a veces
chillando que pare, que se acabe, que alguien lo cese. Otras veces rogando que
vuelva para no sentirnos tan vacías. Temiendo cada gesto y anticipando una
tormenta cada vez que nos llueve un poquito por dentro.
Despacito, contigo, y tropezando y volviendo a tropezar,
entre vergüenzas y juicios y gente que no nos sabe cuidar, que nos sostiene
como se sostienen figuritas de cristal. Nosotras somos de agua, mi loca. No nos
rompemos, cedemos y nos volvemos a levantar.
Y nadie sabe cómo besar lo que no se puede sujetar, mi loca.
Solo tú te llevas a la boca los océanos de mi pecho, solo tú los sorbes hasta
que salgo a flote a respirar.
Te quiero, mi loca. Nos quiero, locas, vivas, de la mano, siempre junticas.
jueves, 12 de noviembre de 2015
de las golondrinas y los cuervos que las superaban en número
Ruego porque mueran los cuervos de mi pecho. Luego me
pregunto quién visitará este cementerio de tristezas marchitas, quién vendrá a
dejar flores a las penas del pasado. No puedo evitar compadecerme de ellas,
aunque me duelan. ¿Quién puede quererlas, sino yo? Estas lástimas, estas
desolaciones caducadas que ya hace mucho que dejaron de esconder sus motivos. Ya
me las conozco todas. Hasta les he puesto nombre, pero es un secreto. Soy la
única que puede llamarlas para que vuelvan.
Ojalá tuviera el mismo poder para echarlas de aquí.
Yo también tengo días buenos. De los de primaveras
floreciéndote en las yemas de los dedos. De esos que te despiertas y amaneces
por dentro. Sábados perpetuos, que se derriten lentamente en la boca como un
helado en verano. Mañanas en que golondrinas pueblan el cielo.
Pero el Sol se pone antes en la meseta de mi espalda.
Y me atardece en el regazo, nubes carmesí derramándose por
mis rodillas, púrpura y rojo y malva y violeta pintando acuarelas en las
mediatrices de mis muñecas. No sé qué hacer con la sangre cuando me mancha las
sábanas blancas, los vestidos de julio. Nunca se me ha dado bien disimular esta
locura transitoria.
Lloro océanos que reviven la Pantalasia y se me fragmenta el
corazón como Pangea. Al día siguiente los pedazos siempre se reúnen de nuevo,
es verdad, pero sabes tú lo cansado que es romperte y recomponerte una y otra
vez. Tengo demasiadas cicatrices para 17 años y tres cuartos de vida. Las piezas
de este puzle nunca encajan del todo.
Yo ya sé que no necesito a mi media naranja, que yo soy una
naranja entera. Pero para mí “necesitar” no es cuestión de amar, es cuestión de
seguir viva. Necesito que me quieran para saber que me merezco ser querida. Si no
te mereces ser querida ¿cómo vas a merecerte seguir viva? Ya sé que las baladas
no son para mí, que solo me tocan tragedias con principios bonitos y desenlaces
soportables. Cuentos de los que no sirven para dar las buenas noches, pero que
tampoco son exactamente historias de miedo; evangelios apócrifos que no hace
falta prohibir, porque ya nunca, nunca los lee nadie.
A veces no sé quién soy sin esta locura que me gotea en el
ático. Ropa perdida colgando del tendedero equivocado, el viento que la lleva,
las pinzas extraviadas en la terraza del vecino de abajo. Cosas que vienen y
van y te dejan un regusto a melancolía amarga.
Vengo y voy y no sé de dónde vengo. Las chicas tristes no
tenemos más hogar que el lado seco de la almohada, y no sabemos dónde
cobijarnos en esas noches en que la empapamos entera.
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